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Revista VD de El Mercurio: Oportunidad de reciclaje

Ante el anuncio de la puesta a la venta de la Central Clasificadora de Correos de Chile, en Estación Central, cuatro arquitectos y expertos en patrimonio nos entregan su visión sobre este edificio levantado en 1970. Un volumen industrial y contundente que se inscribe en el movimiento moderno y cuya flexibilidad espacial ofrece múltiples posibilidades de reconversión.

 

Fue levantado en 1970 para funcionar como centro de clasificación y distribución de cartas y encomiendas de Correos de Chile, en una ubicación estratégica, junto a la Estación Central. Su desarrollo estuvo a cargo de la Dirección de Arquitectura del MOP y su diseño, del arquitecto Boris Guiñeman, se inscribe en los principios del movimiento moderno, con un sistema estructural que permite la liberación completa de sus plantas.

Hoy, 45 años después, la empresa anunció su puesta a la venta a través de una licitación pública, por la necesidad de mayor conectividad y espacios con mejores estándares de seguridad. La noticia sorprendió a varios, alertados por el destino que correrá este edificio que consideran significativo por su arquitectura y valor patrimonial; aun cuando muchos lo ven también como una oportunidad para que cumpla otras funciones y potencie el barrio.

La gran flexibilidad que le entrega su diseño es, según el arquitecto Horacio Torrent, presidente de Docomomo Chile, uno de sus principales valores. “Las posibilidades de reutilización son muchas. Por ejemplo, el edificio sería un magnífico espacio expositivo o centro cultural, con iluminación natural muy buena y plantas libres increíbles para cualquier uso, público o privado”.

Andrés Téllez, doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos, coincide en que su estructura es su elemento más destacable. Resalta su aspecto patrimonial por haber supuesto “un esfuerzo importante por parte del Estado para hacer más eficiente la gestión de grandes volúmenes de correo. Es representativo de una forma de dar expresión arquitectónica a esa voluntad de eficiencia que, si bien tuvo mayor visibilidad en los campos de la vivienda y la salud, fue menos frecuente encontrarla en edificaciones industriales”.

–Hoy, cuando todo es digital, puede no comprenderse su relevancia y emplazamiento, pero es sin duda un vestigio de una historia reciente muy interesante –dice María Paz Valenzuela, directora del Instituto de Historia y Patrimonio de la FAU. Para ella, se trata de un edificio patrimonial que, con “su envergadura y presencia”, se ha convertido en parte importante de la imagen urbana del sector. “Su emplazamiento habla de una relación industria-ferrocarril todavía presente en los años 70, de la que hoy quedan poquísimos vestigios en nuestro país”, agrega.

Valenzuela cree también que un cambio de propietario o de destino no siempre es una mala noticia, sobre todo en edificios industriales como este, que “no dan mayores problemas estructurales al readaptarlos y a su vez generan interesantes proyectos por la libertad creativa que ofrecen”.

La arquitecta Elvira Pérez, jefa del Magíster en Patrimonio Cultural UC, dice: “Es común que grandes infraestructuras urbanas pierdan su función original en el tiempo, por lo que la transformación se vuelve una estrategia de conservación patrimonial, y encontrar nuevos usos para edificios históricos es un elemento clave en su conservación”.

–El primer debate es si deja de ser del Estado y pasa a manos privadas, pero más allá de esa discusión, que escapa por ahora a lo estrictamente arquitectónico y técnico, su potencial no se limita al edificio mismo, sino a todo su entorno urbano –opina Téllez, y agrega: “Una manera de conciliar las presiones sobre el sector es destinar este espacio como enclave estatal en el lugar, articulando de manera positiva con nuevos espacios públicos, comerciales, de servicios y residenciales. El edificio sería la pieza central que detonaría el desarrollo futuro y definición del borde urbano”.